Pensamiento suicida: un viaje por la medicación y la depresión

No recordaba cuánto tiempo había estado así. Parecía que fueron millones de años, pero probablemente fueron solo unos meses. Después de probar diferentes tipos de medicamentos y de padecer efectos secundarios molestos, parecía que al fin mi psiquiatra había encontrado algo para mí. La ansiedad, los síntomas de depresión y los altos picos de hiperactividad me habían robado la energía del cuerpo y me sentía desequilibrada y agotada.

Mi terapeuta intentó de todo para evitar que me medicaran. Mas ya no podíamos negarlo más: Realmente necesitaba un psiquiatra.

aero eso fue lo peor que haya experimentado en toda mi vida, en especial desde mi primera etapa de de depresión, que había iniciado seis años antes de esto. Antes lloraba día y noche, acompañada o sola, en mi apartamento o en el bus. Sin embargo, en esta nueva etapa lo que menos quería era llorar. Puede sonar extraño, pero era demasiada la pereza. Todo me producía demasiada pereza.

Había sufrido de pensamientos obsesivos toda la vida; solo que yo no lo entendía hasta que empecé mi terapia. El problema era que estos pensamientos se volvieron más intensos en ese momento. Era difícil pensar; se me volvió difícil comunicarme en inglés… y muy frecuentemente en español también. Rezar era casi imposible. Me sentía como si estuviera perdiendo la cordura y me entró un tipo de miedo a volverme tonta-tarada o de haber creado una nueva discapacidad en mi cerebro. Además, el medicamento me estaba haciendo ganar peso aunque yo no estaba comiendo más, apenas para mi auto-estima. Y estaba cada vez más agotada.

¿Qué pasa si pierdo mi trabajo por esto? ¿Quién me puede cuidar? No tengo a nadie en quién confiar o a quién acudir y definitivamente mi familia no. Nadie me ama, nadie me entiende. Mi terapeuta no me puede ayudar esta vez. ¿Será que voy a terminar psicótica como mi papá? Si no puedo hablar ni inglés ni español, no voy a poder encontrar un trabajo para pagar mis gastos que son muy caros, ni los doctores ni las medicinas. Si no puedo hablar idiomas, perdí todo el tiempo que gasté estudiando tanto para mejorar mis habilidades… lo que me recordaba que le había dicho a un chavalo (que conocí un año y medio antes) que si perdía los idiomas que hablaba, mejor me moría…

Sí, la Muerte era la solución más fácil a toda esa frustración, a esa tristeza, a esa soledad y a ese sinsentido tan profundos que me consumían la vida. Levantarme a la 5 a.m., bañarme y alistarme para ir a trabajar cada mañana ya no tenían ningún sentido.Mientras me bañaba, con el agua cayéndome en la cabeza, tuve muchísimos pensamientos acerca de la muerte. Siempre estaba pensando acerca de las maneras en que podría terminar con mi vida. Mas temía a sufrir dolor. Inclusive en semejante depresión, no quería sufrir físicamente; ¡todavía seguía siendo una cobarde! Bueno, puede que no. Puede que fuera una señal de salud, de cordura, en mi cerebro.

Pasaron meses y años y no importa cuántas maneras de acabar con mi vida pensé o planeé, no podía hacerlo. ¡Algo dentro de mí me producía una pereza para esto también! Si alguna vez viste Fullmetal Alchemist Brotherhood, te acordarás del personaje Sloth (Pereza) y la última opinión que dio; bueno era como eso.

Y entonces llegaron los últimos días de esa última etapa de depresión. Mi medicina ya no estaba en el mercado, y todavía no sé por qué; así que mi psiquiatra tuvo que buscar algo para reemplazarla. Y por dicha encontró algo mucho más amigable para mí, y poco a poco, pero constantemente, empecé a dejar la pesadez de la inexistencia para re-descubrir el vivir. Eso fue en 2014.

Después comprendí que aquella medicina era necesaria para equilibrarme de los síntomas de las primeras etapas de mi depresión y controlar los síntomas de mi discapacidad mental. Sin embargo, el uso de esa medicina se prolongó mucho y me dejó en esa otra etapa de depresión más tiempo del que debía. No puedo culpar a mi doctor porque él no tenía manera de saber cuándo se iba a acabar mi depresión, ni puedo decir que mi terapeuta no pudo ayudarme; ambos eran completamente ajenos al propósito que tenía este período tan terrible de mi vida.

Alguien más usó tanto mis limitaciones como las de mis doctores para otro objetivo, mientras tanto me estaba dando toda la ayuda que necesitaba. Lo descubriría algún tiempo después…

(Continuará pronto).

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